martes, agosto 23, 2011

¿NO lo había visto así? : Guillermo Fabela Quiñones

Por Guillermo Fabela Quiñones

¿NO lo había visto así?

Por si hicieran falta más testimonios del evidente fracaso de la estrategia gubernamental contra el crimen organizado, lo ocurrido en el estadio de fútbol de Torreón el sábado por la tarde, es la demostración más obvia de lo fallido de una “guerra” que sólo favoreció un más amplio desarrollo de la violencia en el país. Nunca se había visto una situación como la que vivieron los aficionados que estaban presenciando un partido entre el equipo local y el de Morelia, que pudo haber terminado en inenarrable tragedia de haber ocurrido al final del evento, mientras la concurrencia abandonaba el estadio.


Un día después, curiosamente, en la capital de Michoacán sucedió otro hecho de violencia que pudo haber terminado en un desastre espectacular, que no sucedió porque el centro comercial donde se llevó a cabo a esa hora del medio día, no estaba tan concurrido como suele estarlo en las tardes. Se trató de un vulgar asalto a mano armada en una joyería, por siete delincuentes que pudieron huir sin ser molestados por policías y soldados que luego llegaron en tropel para asustar aún más a las personas que tuvieron la mala fortuna de estar en la Plaza de las Américas.


En ambos casos quedó demostrado que la población está indefensa ante circunstancias que son inmanejables, de las que se aprovechan bandas delictivas para actuar con más audacia e impunidad. El problema es de una magnitud que rebasa las posibilidades de la sociedad para hacerle frente. Lo más lamentable es que las autoridades no están al lado de la ciudadanía, como está más que demostrado ante los niveles de impunidad de que gozan las bandas delictivas. Esta realidad agrava la de por sí dramática descomposición del tejido social, que parece no tener fin como lo evidencian los hechos.



La realidad nacional es más compleja de lo que nos quieren hacer creer los espots televisivos con los que el “gobierno” de Felipe Calderón quiere ocultar la responsabilidad que le compete. Es absolutamente falso que esté combatiendo “con todo el peso de la ley” al crimen organizado. Basta leer el extraordinario libro de Anabel Hernández, titulado “Los señores del narco”, para tener una idea más clara de la verdadera realidad de un país carente de autoridades que hagan valer las leyes y el Estado de derecho. El problema de fondo en la actualidad es que se rompió la línea divisoria entre policías y delincuentes, no hay claridad para delimitar campos de actividades de unos y otros.


Esta situación se fortaleció a partir de que la nueva clase política surgida con los tecnócratas neoliberales, hizo suyas las prácticas nada éticas de valerse del poder con una finalidad meramente de lucro personal. Se desecharon códigos y métodos que permitían una relación llevadera entre la clase política y la sociedad en su conjunto. Atrás quedaron las leyes no escritas que favorecían la estabilidad de un sistema político autoritario pero capaz de brindarle a la población mecanismos para seguir contando con el apoyo ciudadano. Había movilidad social, el salario alcanzaba para lo indispensable, incluidas vacaciones en Acapulco, y no se tenían nociones de crímenes como los que ahora suceden cotidianamente.


La nación fue secuestrada por la tecnocracia y sus principales promotores, los nuevos multimillonarios que se quedaron con los bienes de la nación a precios irrisorios, una vez que comenzó el proceso privatizador con una finalidad rapaz sin paralelo en América Latina, por la magnitud de la que se conocía como economía mixta, en la que el Estado era el rector y beneficiario, con el compromiso ineludible de fortalecer el crecimiento, que durante más de dos décadas no fue menor a 6 por ciento, dando margen a lo que se conoció como “milagro mexicano”. Esto se acabó con la tecnocracia neoliberal, porque su única preocupación era quedarse con la riqueza nacional y fomentar el desarrollo de una oligarquía “competitiva”.


En la actualidad, luego de tres décadas de neoliberalismo y de dos sexenios de ultra conservadurismo, estamos viviendo los estertores de un sistema oligárquico que no da más, pero que se aferra a mantener el poder al precio que sea, incluidas firmes componendas con lo más tétrico del crimen organizado. Así es imposible que la delincuencia sea derrotada, como pretende hacernos creer Calderón con su absurda y mentirosa propaganda televisiva y radiofónica.


Por eso la violencia ha ido en aumento en los últimos cinco años, y lo seguirá haciendo hasta que dejen el poder quienes ahora lo detentan. Esto es más que obvio, sólo no quieren verlo quienes pretenden seguir engañando a la sociedad de manera por demás infame. Mientras puedan hacerlo, no habrá manera de que la nación vuelva a recobrar la paz perdida. Por eso es un asunto de sobrevivencia evitar el triunfo electoral en el 2012 del PRI o del PAN. El futuro de México está de por medio.


(gmofavela2010@hotmail.com)

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