martes, diciembre 21, 2010

Retratos de Tina

Retratos de Tina
martes, 21 de diciembre de 2010


Me despierto a un domingo oscuro. El sol esta secuestrado por una nube gigante y pesada que se eleva por encima de los volcanes y hasta mi ventana que se pone opaca de hollín. “El volcán debe haber hecho erupción” pienso mientras saco la cámara. Pero en vez de eso, pasa el desayuno y las noticias llegan anunciando que una toma clandestina es la causa de una gigante explosión.

El final obvio de una semana enturbiada.

9 muertos: primer reporte de Texmelucan

A las 9 de la mañana me levanto de manera perezosa de mi sillón y comienzo el ritual de los domingos: un prolongado pero metódico fodongueo. No planeaba estar al pendiente de las noticias, pero dejo la radio prendida para irme enterando de la gravedad del accidente.

Comienzan a llegar las llamadas para asegurar que todos estamos bien. Yo llamo a casa y mi madre aprovecha para reclamar su cuota de atención en medio de la emergencia. Mi plan original era quedarme el domingo en casa para regalarme un maratón de Sex and the City, pero prometo pasar a visitarla por la tarde.


12 muertos: 2do reporte

Me cubro como esquimal como si en vez de estar en México me encontrara en el Polo Norte. Tengo una gripa que no me deja en paz. Me pasé la semana acompañando a Anaís para que le atendieran en el seguro popular de una bronquitis que no se le ha quitado ni con tequila. Hicimos cola desde las 6 de la mañana en el airazo para que al llegar a la ventanilla le dijeran que “el doctor ya está de vacaciones y el suplente sólo atenderá a tres pacientes”. Nosotras éramos las quintas. El siguiente día sucedió lo mismo, and the day aftert hat, and after that…

Trato de entender. Con los millones de impuestos gastados en campañas electorales y el pago del bono navideño de un montón de burócratas, aunado al aumento de sueldo de Felipe Calderón, pues no hay presupuesto que alcance para pagar seguridad social.

Al final Anaís y yo tuvimos que buscar un doctor particular que nos cobró 600 pesos por solo mirarla. No cabe duda que privatizar la atención médica es un negocio redondo.

24 muertos: Que ora sí viene Felipe Calderón

En un país que lleva básicamente 4 años sin gobierno, los actuales líderes- o sea Televisa- nos repiten una y otra vez que sus actores son los salvadores de todas nuestras tragedias. Yo miro mi periódico y reviso el retrato de Marisela Escobedo como quien mira la foto del futuro.

Recuerdo que una vez me perdí de niña. Mi mamá llegó del trabajo, no me encontró en casa e hizo despertar a toda la cuadra. Se llamó a la policía, se organizaron los vecinos para buscarme y al final yo aparecí como si nada de casa de una señora muy amable que me había dado galletitas. Yo solo había estado fuera de casa unas tres horas, y ese incidente le llevó a la señora vecina una investigación policiaca y a mi papá una amenaza de “¡no te lo perdonaré nunca!”

Mi mamá y mi papá me llevaron a casa y me abrazaron mucho tiempo. Pero ahora que veo este retrato me pregunto qué pasaría si yo perdiera alguna vez a una hija querida en este país que nada devuelve. Si los sujetos que aparecen en la pantalla de la tele son los únicos que realmente importan, los demás somos relegados a discusiones desinformadas y llenas de juicios por demás injustos.

28 Muertos: En Texmelucan para la foto

Llega el presidente del la guerra contra el narco y se toma la foto junto a su equipo de seguridad pues a los afectados no se les permitió acercarse al presidente del “si hay muertos es porque vamos ganando”. No se dio respuesta a preguntas ni demandas.

Tan mal va la cosa que nos han convencido de que para estar mejor hay que estar peor primero. Debemos aguantar estoicamente sin preguntar, sin quejarnos, sin protestar y sin informarnos porque eso en nada ayuda a que lo inevitable suceda. La señora Wallace encuentra a su hijo y se hace estampilla del México emprendedor en vez de vergüenza de un estado sin espina dorsal.

Llama mi madre y me dice que vaya corriendo, que han llegado los sobrinos y que están a punto de cenar.

Tomo mi periódico y guardo esa imagen de Marisela como un doloroso recordatorio de que vivo en un país donde a las mujeres se nos ha arrebatado hasta el derecho de buscar a nuestros hijos. Pienso en mis sobrinos. Cómo crecer en este lugar para ver a los nietos que no tendrán oportunidades; ver a las hijas que pueden, por decreto, ser abusadas hasta las muerte; vivir cada quien rascándose con sus propias uñas.

A este paso los retratos de las abuelas serán en unos años objetos raros de una época de mujeres grandes, con vidas dignas, autosuficientes, educadas, con derechos… de museo.

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