miércoles, julio 21, 2010

SERGIO CORTÉS SÁNCHEZ : El proceso electoral en el municipio de Puebla


CARPETA
El proceso electoral en el municipio de Puebla
SERGIO CORTÉS SÁNCHEZ


El propósito de esta presentación es analizar el recién concluido proceso electoral con base en tres elementos: la coyuntura; las instituciones políticas y la oferta de candidatos. Sostengo que la principal causa de la debacle del PRI fue la imposición del candidato; el desprestigio secular de ese partido y del gobernador así como una deficiente operación electoral. La información que utilizaré –salvo mención en sentido contrario– procede de varias encuestas telefónicas financiadas por el diario La Jornada de Oriente y aplicadas a ciudadanos radicados en el municipio de Puebla.
La coyuntura económica

En octubre del año 1998 inició una profunda crisis económica, la más profunda de los últimos 80 años, de la cual todavía no nos recuperamos. Para nadie es un secreto que la economía, a partir de los años 90 creció a tasas muy bajas, insuficientes para generar una oferta estable y suficiente de empleos y unas remuneraciones dignas; en promedio, el producto interno por persona ha crecido en 1.2 por ciento cada año entre 1990 y 2010 y, si la referencia son los gobiernos panistas (2000–2010), dicha tasa es de 0.6 por ciento; cuando Felipe Calderón concluya su gestión, el producto por persona habrá crecido 0.8 por ciento anual en su sexenio La tasa de desempleo real (sumados los desocupados, los disponibles y los sub ocupados) fue de 27 por ciento en la entidad y de 23 por ciento para la República Mexicana a diciembre del año 2009, es decir, uno de cada cuatro personas en edad de trabajar no tienen empleo o sólo laboran algunas semanas o algunas horas por día. La mayoría absoluta de la población vive en situación de crisis económica y las expectativas de revertir esa situación no se vislumbran, por ello consideran que el principal problema del país y de la entidad es el económico y suelen ser críticos severos de las gestiones del ejecutivo federal y del estatal, a quienes desaprueban por mayoría absoluta, ya que no ejecutan políticas que se traduzcan en mejores niveles de vida.

Los ciudadanos son muy sensibles electoralmente ante el deterioro del ingreso familiar, el desempleo y a la inseguridad, percibida ésta última como una mayor agresión al patrimonio y a la integridad física, y también relacionada con la precariedad e inestabilidad laboral. La semana pasada (16–18 julio), 46 por ciento de los ciudadanos del municipio de Puebla consideró que el incremento de la inseguridad pública era motivada por la estrategia económica instrumentada por el Estado (excluyente y pauperizante); 33 por ciento mencionó la ineficiencia y corrupción de la administración pública y 21 por ciento dijo que era debido a la mayor delincuencia (robos y asaltos). En periodos de crisis económica, los ciudadanos suelen ser menos benévolos con el Ejecutivo federal: la valoración negativa de su gestión supera a la valoración positiva y la mayoría absoluta desaprueba su gestión. Esa situación de descontento y desilusión la capitaliza el PRI y los ciudadanos que se identifican y votan por ese organismo son más de los que lo hacen por el PAN; así sucedió en el año 2009 donde el PRI obtuvo la mayoría de diputados federales de la República (237 legisladores versus 143 del PAN y 69 del PRD); a nivel estatal también sucedió así el año pasado pero no en la reciente elección local y a pesar de haber una valoración negativa de la gestión pública federal, los ciudadanos poblanos refrendaron su voto por el PAN.

En el primer semestre del año en curso hubo un desplazamiento en la percepción de los grandes problemas nacionales: la crisis económica pierde intensidad y la inseguridad pública descolla como un gran dilema nacional; a nivel de la entidad y del municipio de Puebla, la inseguridad es ya percibida como el principal problema. La economía ha dejado de caer y hay una intensa campaña mediática del Ejecutivo federal sobredimensionando la recuperación económica, por otra parte, hay una mayor violencia relacionada al narcotráfico y al crimen organizado que el año pasado significó 26 asesinatos diarios y una intensidad en los delitos contra personas y patrimonio. La crisis económica y la inadecuada política económica aplicada por el Ejecutivo federal, contraria al interés de la mayoría, no estuvieron presentes en esta elección, no se generó voto de castigo; a ello contribuyó la alianza del PAN con dos de los partidos políticos que lo impugnaban por la elección presidencial del año 2006 y los eficientes recursos del magisterio.

En el municipio de Puebla, la semana pasada, uno de cada dos ciudadanos reportó haber sido asalto o robado en el primer semestre de 2010 (encuesta telefónica del 16–18 julio). Sobre la inseguridad pública han responsabilidades diferenciadas: la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón es aprobada por mayoría absoluta; de la Policía Estatal, tres de cada cuatro ciudadanos dice que es corrupta: la Policía Municipal ha extorsionado, en un semestre, a uno de cada tres ciudadanos y los funcionarios públicos de cualquier nivel han coaccionado a uno de cada seis ciudadanos. A nivel local y estatal, hablar de inseguridad es hablar de corrupción e ineficiencia de los gobiernos estatales y municipales. En los últimos seis meses, la administración de Felipe Calderón disminuyó su desaprobación, la de Mario Marín aumentó y la de Blanca Alcalá permaneció sin cambios.

Mario Marín no fue un referente positivo para promover el voto a favor de su partido y candidato a la gubernatura; contraviniendo la sabiduría popular de ofrecer candidaturas que sumen y no resten votos a su partido, fue insensible a considerar a priistas mejor posesionados y más solventes para contender no sólo contra el PAN, sino contra el Ejecutivo federal y los coaligados (Partido Nueva Alianza, Convergencia Democrática y PRD). En su momento, Manuel Bartlett y Melquiades Morales reconocieron que había correligionarios mejor posesionados que los que ellos impulsaban para sucederlos, Mario Marín se aferró en la construcción del maximato y no en consensar una candidatura a la gubernatura de amplio espectro electoral y éticamente aceptable.

De los políticos priistas, el actual gobernador fue un activo carismático y prometedor; su paso por la Secretaría de Gobernación y presidencia municipal de Puebla se tradujo en una buena aceptación de su persona, situación que convalidó durante su primer año de gobierno. A partir del fatídico día de san Valentín del año 2006, jamás volvió a ser el mismo: las valoraciones positivas de su gestión son superiores a las positivas y siempre se asocia su nombre con atributos negativos, entre ellos, el de corrupción, ineficiencia, pederastia y escándalos; cuando hay procesos electorales (noviembre de 2006, julio de 2009, julio de 2010), mejora su aceptación: aumentan las valoraciones positivas y disminuyen las negativas. En la reciente elección, fue importante que un colaborador cercano de la gestión de Mario Marín y presunto cómplice de fechorías haya sido el postulado, esa situación operó en contra del candidato.



Los partidos políticos

Los partidos políticos son instituciones públicas muy desprestigiadas, generan mayor rechazo que aceptación y no está clara su aportación al mejoramiento al buen vivir de la población ni al desarrollo democrático de la sociedad. A la pregunta para qué sirven los partidos políticos, tres de cada cinco ciudadanos del municipio de Puebla nos dirán que para robar, mentir, desperdiciar y sólo dos de cada cinco dirán que para legislar, gobernar, guiar, ayudar, defender o proteger. Si la pregunta es sobre la confianza que se tiene en los partidos, cuatro de cada cinco dirán que poco o ninguna y sólo uno de cinco ciudadanos dirá que la confianza es mucha o algo. Si la pregunta es de asociación libre, el 14 por ciento de los ciudadanos los asociará al progreso, al bien común, a la libertad, la democracia y al buen gobierno y el 38 por ciento los vinculará al robo, la calumnia, la mentira y la intriga. En pregunta inducida acerca de las virtudes de los partidos, más de la mitad de los ciudadanos no ve en ninguno de ellos a una institución que promueva la libertad, el progreso, el bienestar social, la democracia o impulse un cambio en beneficio de la colectividad. No todos los partidos son valorados por igual, generalmente el Partido Acción Nacional tienen una mejor aceptación que el PRI y éste, mejor que el PRD.

En los procesos electorales aumenta la aceptación de los partidos, ya por el candidato o propuesta ofrecida, ya por la candidatura o propuesta del principal adversario. Unos votos, los menos, son propositivos, a favor de algo; la mayoría de los votos son reactivos, en contra de algo o de alguien. Esta vez sucedió en la entidad poblana algo parecido al año 2000, el voto útil, esta provino de los damnificados y desertores del PRI, de aquellos que vieron una rentabilidad política más alta en la candidatura de la coalición; otros votos son de los ciudadanos que están hartos del PRI pero las izquierdas lo intimidan y prefieren opciones más conservadoras, ,muy parecidas al PRI en sus políticas y acciones públicas pero éticamente no tan deshonestos, Entre enero y junio de este año, los ciudadanos que se dicen representados por el PAN pasaron de 15 a 29 por ciento y los que se dicen representados por el PRI bajaron de 29 a 27 por ciento. A partir de la crisis económica iniciada en otoño del año 2008, el PAN registró aceptaciones menores a la del PRI, esto posibilitó que el tricolor ganara las cuatro diputaciones federales del municipio de Puebla en julio del año pasado; el pasado mes de junio se revirtió la aceptación y el PAN rebasó al PRI. En las elecciones de julio del año pasado, el rechazo hacia el PAN fue del 18 por ciento, un año después seguía siendo el mismo porcentaje de ciudadanos que lo vetaban; en cambio el PRI tuvo un rechazo de 16 por ciento el año pasado y hoy fue de 24 por ciento; los principales promotores del rechazo hacia el PAN fueron los coaligados, pero los damnificados por la candidatura a toda costa también estuvieron muy activos denunciando la antidemocracia en el PRI y la negativa de sus dirigentes a elegir candidato a gobernador a través de una consulta a la militancia.

Distintos registros realizados en el primer decenio del presente siglo confirma las distintas valoraciones que los ciudadanos hacen de los partidos, en promedio, el 34 por ciento de los ciudadanos asocia al PAN con atributos positivos; el 15 por ciento de ciudadanos dice lo mismo del PRI y el 10 por ciento del PRD; si lo indagado en la confianza depositada en los partidos, el 26 por ciento de los ciudadanos dice tenerle mucha o bastante confianza al PAN, el 22 por ciento dice eso del PRI y el 18 por ciento asevera que es el PRD en quien confía. En asociación libre acerca de los partidos, los ciudadanos que asocian con atributos positivos al PAN fueron en julio de este año el doble con relación a los de hace un año y los que lo asocian con atributos negativos fueron hoy la mitad de lo que así se expresaban hace un año. Al PRI, el 11 por ciento de los ciudadanos lo asocio a atributos positivos el año pasado, igual porcentaje registro los pasados días 9 y 10 de julio; en cuanto a los atributos negativos, tuvo 62 por ciento el año pasado y hoy bajó al 54 por ciento; no es el partido el factor determinante del resultado electoral, sino sus copropietarios y sus candidaturas.

Dos de cada tres ciudadanos del municipio de Puebla atribuyen el reciente triunfo del PAN a la necesidad de cambiar, (suponiendo que el relevante será mejor que el relevado), a las propuestas, candidaturas y campañas del los partidos coaligados; uno de cada tres ciudadanos atribuye el éxito a las deficiencias del PRI: hartazgo, corrupción, autoritarismo, nepotismo, no credibilidad, escándalos y un candidato a gobernador no idónea. Para el 87 por ciento de los ciudadanos, el fracaso del PRI se explica a problemas propios de ese instituto (no credibilidad, corrupción, hartazgo, mala campaña y candidatura; excesos del gobernador) y el 13 por ciento lo atribuye al adversario (alianzas, campaña, candidaturas, identidad con el PAN). Atribuirle a una sola causal el triunfo del PAN es sobredimensionar la capacidad de intervención del ejecutivo federal y del sindicato de maestros que fue excesiva y evidente, y ocultar y menospreciar las operaciones que en el mismo sentido hicieron los auto nombrados asépticos y legales contendientes



Los candidatos

Hace seis años la campaña interna más costosa del PRI la protagonizó quien había sido Secretario de Finanzas del gobierno de Melquiades Morales y para ese tiempo era ya legislador federal: Rafael Moreno Valle; ese precandidato a la gubernatura exhibió muchos recursos económicos y determinación para continuar en la política; sus colegas le prometieron una senaduría en el año 2006 que no le cumplieron y de consolación lo envían de legislador local en noviembre de 2004. En el año 2006 el PAN le ofrece la senaduría que los priistas le habían negado y desde entonces realizó proselitismo para ser su abanderado a la gubernatura; jamás claudicó de su objetivo ni reparó en formas, principios o recursos económicos para lograrlo. Concluido el proceso federal para elegir diputados en julio de 2007, el entonces senador Rafael Moreno registró opiniones positivas hacia su persona inferiores a las de otros probables contendientes priistas (Enrique Doger, Enrique Aguera y Blanca Alcalá), pero más altas que las de Javier López Zavala; en noviembre del año pasado, ya transcurridos cinco meses de precampaña, los registros seguían igual. La misma situación se observa en la confianza que ciudadanos le otorgan a los precandidatos: Javier López es el peor valorado de los priistas y comparado con Rafael Moreno, tiene menores porcentajes de aceptación.

En marzo del año pasado, Javier Zavala y Rafael Moreno registra una intención potencial del voto de 24 por ciento,, igual a la de Javier López pero menor a la de Aguera, Doger y Alcalá; al 21 de noviembre, la intención de Rafael Moreno era supero a la de Zavala,, Doger y Aguera pero menor a la de Blanca Alcalá.

Rafael Moreno no es un político carismático, popular, que genere empatía, cono lo han sido Melquiades Morales. Mario Marín, Ana Teresa Aranda, Enrique Doger o Blanca Alcalá. Su fuerza deviene de sus patrocinadores; de su determinación de ser ministro del gabinete presidencial del 2012 y de los múltiples yerros de Mario Marín. En julio de 2008, los ciudadanos del municipio de Puebla que le atribuían atributos positivos al senador Rafael Moreno era el 12 por ciento y 31 por ciento lo asociaba a aspectos negativos; los pasados días 8 y 9 de julio, era el 30 por ciento de ciudadanos que lo relacionaban a valores positivos y sólo el 9 por ciento quienes lo asociaban a cualidades negativas. Con relación al mes de julo del año pasado, Rafael Moreno aumentó en 22 por ciento las valoraciones positivas y disminuyó las negativas del 16 al 9 por ciento, el saldo de la asociación (positivas menos negativas) para este personaje fue de – 8 por ciento en julio del año pasado y de + 21 por ciento en este mes.

En julio del año 2008, el 10 por ciento de ciudadanos del municipio de Puebla asoció a Javier López Zavala con atributos positivos y el 27 por ciento, con atributos negativos, el saldo fue de 7 por ciento; en julio del año pasado, las valoraciones positivas fueron del 8 por ciento y las negativas del 15, el saldo, de – 7 por ciento, Hace dos semanas, ,los atributos positivas se quedaron en 9 por ciento y los negativos en 30 por ciento, el saldo, de 21 por ciento. Javier López Zavala inicio una precampaña con un posicionamiento electoral menor a la de otros correligionarios y también menor que la del principal adversario del PAN, y mientras el panistas crecía. Zavala seguía cuesta abajo.

Cuatro de cada cinco ciudadanos desean que su gobernador no los traicione, que trabaje y que no robe. Virtudes que al parecer no ven en el gobierno encabezado por Mario Marín ni tampoco en sus colaboradores. La candidatura es un factor importante para la emisión del sufragio y tener esas cualidades o aparentar poseerlas es importante, la mercadotecnia ayuda al respecto, al final del proceso electoral, esa cualidad se le atribuye al candidato panista en mayor cuantía que la del priista, quien siempre fue considerado como una imposición del gobernador, sin luz propia, sin logística ni recursos económicos y enemistados con sus compañeros de partido. La secuencia de yerros y descalabros de los impulsores de la candidatura de Javier López Zavala explican mejor la derrota que las destrezas y malas mañas del ganador. La duda que persiste es la derrota fue un resultado y no un objetivo político del gobernador.

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