sábado, julio 31, 2010

Juvenal González González : Estado fallido, tonto e inútil

Estado fallido, tonto e inútil
Periscopio
Juvenal González González
2010-07-31

•Política
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El Estado suele comportarse como un tirano con la sociedad a quien atribuye su razón de ser y a quien dice servir. Sobre todo porque es conservador por definición, entiende que su papel es mantener el orden establecido a toda costa y, por ello, se confiere a sí mismo el monopolio de la fuerza.

El Estado moderno supone un comportamiento fundamentado en el orden jurídico que hace iguales a los hombres frente a la ley. Un Estado de derecho cuyas instituciones tienen, en primer lugar, la obligación de garantizar su vigencia. Por eso los altos servidores públicos juran “cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República y la leyes que de ella emanen”. Y comprometen su palabra “si así no lo hiciere, que el pueblo y la nación me lo demanden”.



Pero quienes hacen tan sagrado juramento no tienen la misma estatura moral y política, ergo, el grado de compromiso y disposición para cumplirlo es muy variable. Es por ello que las sociedades establecen sanciones especiales para los servidores públicos que incumplen su palabra. Llegado el caso, la renuncia al cargo es automática para evitar la deshonra del despido y en algunos países la sanción social es tan severa, que los funcionarios llegan hasta el suicidio para evitar la vergüenza personal y familiar.

No es el caso de países como México, donde el servicio público es un botín, los valores éticos no figuran en el mapa genético de la política y la palabra empeñada carece de valor. Entonces el Estado y sus instituciones se convierten en enemigos públicos de alta peligrosidad.

Porque la impunidad como la humedad penetra poquito a poco toda la estructura social hasta que termina por erosionarla. Se pierden los lazos de identidad y solidaridad, convirtiendo el territorio nacional en una jungla donde prevalecen las leyes del talión y de Herodes.

Así, el Estado es incapaz de cumplir con sus responsabilidades básicas de garantizar la seguridad física de las personas y hacer prevalecer el orden jurídico. Por eso perdió el monopolio de la fuerza y el control sobre amplias regiones del país a manos de grupos armados y organizados para realizar negocios ilícitos de alta rentabilidad. Tanta, que son capaces de someter bajo su mando a policías, militares, empresarios y políticos de todos los rangos y niveles.

Un Estado que en su ignorancia y soberbia se debilita cada vez más al distanciarse de los ciudadanos actuando en su contra. Como en el caso de la Guardería de Hermosillo que puso en evidencia el desorden generalizado en un sistema de guarderías que es responsabilidad del ejecutivo federal a través del IMSSS y que subrogó a negociantes privados, casualmente familiares y amigos de políticos “influyentes”. Según el “más alto” tribunal del país, no hay responsables de la tragedia solo “involucrados” y en su nombre Calderón ofreció una lana a los padres para que paren de sufrir. Ajá.

O los niños de las primarias y secundarias, quienes en lugar de recibir educación de calidad reciben dosis extremas de comida chatarra, sin que nadie quiera enfrentarse a las grandes empresas que se han adueñado de las tiendas escolares con la complicidad de los líderes magisteriales y las autoridades gubernamentales.

O los millones de jóvenes que no tienen acceso a la educación ni a un empleo digno aunque hayan estudiado. O los viejos y pensionados quienes, lejos de ser justamente compensados por sus años de servicio, son despojados de sus pensiones y de toda posibilidad de vivir con dignidad la última etapa de su existencia.

O los mineros y electricistas que sumados a otros desempleados y subempleados, integran el ejército de seis millones de nuevos pobres del calderonismo, víctimas de un modelo económico fracasado, una burguesía voraz e improductiva y un gobierno incapaz de conducir al país a alguna parte.

Gracias a esa cerrazón hay más de 50 millones de desempleados, pobres y marginados que cada día emigran a Estados Unidos, se integran a la informalidad y la delincuencia o se suicidan, ellos sí, para evitar la deshonra moral.

Por eso México padece un Estado fallido, tonto e inútil. Que al traicionar su lealtad a la Constitución se aleja de la proclama justiciera por excelencia de libertad, igualdad y fraternidad, que sigue galopando en las estepas de la utopía.

Y cuidado porque ya lo dijo el Marqués de La Fayette “Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”.

Cheiser: Estocada de muerte a la “fiesta brava”. El Parlamento de Cataluña aprobó la Iniciativa Legislativa Popular para prohibir las corridas de toros a partir de 2012. Fueron derrotadas las fuerzas de la derecha que hipócritamente defienden “el derecho a la vida” y los independentistas catalanes se anotaron un gran triunfo al pintar su raya respecto a uno de los grandes símbolos de la identidad cultural española, la inhumana matanza de toros bravos.

http://twitter.com/juvego2

Juvenal_glz_g@yahoo.com.mx

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