miércoles, diciembre 14, 2011

La guerra es contra el pueblo : Jorge Canto Alcocer



La guerra es contra el pueblo
Por Jorge Canto Alcocer


La brutal represión contra los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, perpretada en conjunto por policías estatales y federales, pone de nuevo de manifiesto la gravedad de la coyuntura en la que vivimos. El Estado fascista ha asestado un nuevo coletazo, estratégicamente dirigido contra el pueblo guerrerense y, en particular, contra un grupo de estudiantes comprometidos con la lucha popular y con la defensa de los verdaderos intereses de la educación nacional.
En contraste con el lamentable proceso que vivimos en prácticamente todos los espacios educativos del país, la Normal Rural de Ayotzinapa es hasta la fecha un modelo de gestión democrática, en la que docentes, estudiantes y padres de familia, integrados como una verdadera comunidad educativa, participan de manera colectiva en el proceso de formación de los futuros docentes.
Sí, estimado lector, aunque Ud. no lo crea, existen en nuestro país instituciones educativas verdaderamente democráticas, en las que los procesos académicos y administrativos se enfocan a la formación de profesionales comprometidos con las necesidades populares, el desarrollo social y la superación de la marginación y la exclusión, y no se pierden en los absurdos vericuetos del aterrador y paralizante burocratismo que caracteriza a la mayoría de las escuelas, en todos los niveles y sistemas, que presumen de calidad y excelencia, cuando en realidad viven exclusivamente en la simulación de la “formatitis” y de las certificaciones a modo.


¿Cómo ha podido sobrevivir semejante joya entre el lodazal en el que estamos, sobre todo a partir de las famosas y fracasadas reformas educativas y la dictadura de Elba Esther Gordillo? Precisamente porque es una institución popular, con la más amplia y democrática participación de sus comunidades usuarias. Y es por ello que, de un modo temible y desproporcionado, vemos cómo todo el aparato represor se dirige contra ella.
Paralizada desde el pasado dos de noviembre ante la negativa de la comunidad de aceptar a un represor como director, la Normal fue poco a poco cercada por sus enemigos, que son los nuestros, los enemigos del pueblo. Hace poco más de un año, la siniestra Elba Esther demandó cerrarla con el argumento de “que ha sido semillero de guerrilleros”; el exgobernador Zeferino Torreblanca se negó sistemáticamente a apoyarla y pretendió acabar con la “alumnocracia y el desorden”; el actual gobernador Ángel Aguirre se tomó la foto en una sola visita, pero posteriormente se ha negado a atender las demandas estudiantiles, todas ellas de carácter académico y de muy fácil solución.
La brutal represión ha cobrado ya dos muertos, y hay decenas de desaparecidos. La comunidad agredida comienza apenas a reorganizarse y hacer el recuento de los daños, mientras sufre una nueva agresión, esta vez mediática y judicial.
Guerrero es hoy un hervidero en donde se lucha una batalla crucial por la democracia y por la educación. La fuerza de nuestros enemigos es formidable y atraviesa -como vemos por la filiación política de los últimos gobernadores guerrerenses- a todos los partidos y organizaciones. Ante tamaña embestida, la unidad de la verdadera izquierda y un compromiso irreductible con la democracia son las armas que podemos oponer.

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