miércoles, diciembre 14, 2011

El usurpador y la maestra : María Teresa Jardí



El usurpador y la maestra
Por María Teresa Jardí


El usurpador busca hacer estallar por algún lado al sector social que diga primero ¡ya basta! en el país, como el pretexto necesario para impedir la elección presidencial del próximo año.
Así suelen funcionar los cortos cerebros de los que llegan al poder “haiga sido como haiga sido”. Los que, quizá, porque llegan de esa manera y no elegidos por el pueblo que a otro quiere como su mandatario, se otorgan el permiso de cometer las más grandes brutalidades en contra del pueblo que desgobiernan, sin entender que lo que empieza acaba más temprano que tarde y siempre de mala manera cuando se elige empezar mal y peor aún cuando se elige seguir al punto de acabar convertido en un genocida.
Se le acabó el tiempo a Calderón y aunque se burlen sus secuaces de la solicitud de investigación de sus crímenes presentada ante la Corte de La Haya, Fecal sabe, como lo saben los cuatro defensores que le quedan, que más temprano que tarde prosperará la denuncia. Lo que ocurrió con Pinochet, quien exhibido incluso como ladrón está ingresado, de manera pública, en la historia de la ignominia del mundo.
Lo de la Normal eligiendo nada menos que el día en que los mexicanos celebran a la Virgen Madre, como último recurso para llorar sus penas. La represión, a la que se suman los arteros asesinatos de estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, se inscribe, sin duda ninguna, en este rubro. Es claro que ante la pasividad del resto, el ataque a los normalistas es certero, a final de cuentas el usurpador también sabe que aunque la Gordillo diga que apoya al PRI, ésta va a cambiar de camiseta en cuanto se perfile el que vaya a quedarse con el Ejecutivo “haiga sido como haiga sido”. En cuanto a maldad se dan la mano el usurpador y “la maestra”. Pero otra muestra también es que ir de la mano de cualquiera no es posible. Cuando se tienen las colas tan largas, la historia contemporánea, terca que es la historia, una y otra vez demuestra que los perredistas son usados para cualquier cosa.


También para ser usados como carne de presidio, se convierte a los niños en adictos al dolor y al conflicto, al igual que a los jóvenes que deberían ser felicitados por exigir las condiciones mínimas tolerables de su centro de estudios y que aspiran a educarse. Lo mismo que se hace con los obligados a convertirse en adictos a las drogas como la forma de evadirse de la realidad cada día más indignante y espantosa. Para eso sirve la adicción al dolor que a los mexicanos nos ha convertido en un pueblo deprimido, sin más aspiración que la de sobrevivir, el día a día, esperando la muerte como salida liberadora

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