miércoles, diciembre 14, 2011

Nada justifica tan vil represión : Guillermo Fabela Quiñones



Nada justifica tan vil represión
Por Guillermo Fabela Quiñones
Apuntes


Por si no fueran suficientes los crímenes cometidos por fuerzas del gobierno federal al amparo de su “guerra” contra los cárteles del narcotráfico, en el estado de Guerrero se cometió una fatal represión contra estudiantes normalistas, quienes sólo pedían cosas tan simples y de fácil solución que no se explica uno qué necesidad había de llegar a tales extremos, con saldo de dos estudiantes muertos y varios heridos. Lo más lamentable, aparte de la pérdida de vidas humanas, es que tan censurable acto fue realizado por un gobernador que llegó al cargo bajo la bandera del PRD, aun cuando Ángel Aguirre Rivero sea un tránsfuga del priísmo.
Así se patentiza que cuando no hay principios, da lo mismo militar en una organización de izquierda que de derecha, pues acaba imponiéndose el pragmatismo y el oportunismo vil sobre la ideología. Ahora el gobernador Aguirre quedará tan marcado como Rubén Figueroa como represor del pueblo, sin que haya justificación que valga. Ni siquiera la consabida frase de que “entre los estudiantes había gente que no tenía nada que ver con su movimiento”, a la cual recurrió el procurador del estado, Alberto López Rosas. Lo que debe quedar bien claro para la opinión pública es que este hecho pudo haberse evitado fácilmente, si Aguirre Rivero hubiera accedido a dar la audiencia solicitada por los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, a los cuales dejó plantados en cuatro ocasiones.


Sus demandas son tan legítimas como fáciles de satisfacer, pero es obvio que no hay voluntad política para apoyar la movilidad social entre la gente pobre de municipios marginados, pues de acuerdo con el modelo neoliberal, se trata de población “prescindible” que no sirve si no demuestra docilidad para dejarse manipular como lo quiera el grupo en el poder. Lo único que piden los estudiantes, en su mayoría provenientes de los municipios de Atoyac de Álvarez y de Tixtla, es que se incrementen los 35 pesos diarios que se asignan a los alumnos para que coman tres veces al día; que se dé mantenimiento a las instalaciones, ya que desde hace ocho años no lo han recibido; que la matrícula anual de 140 alumnos de nuevo ingreso se aumente a 170, y que el promedio mínimo aprobatorio sea de 7.
La dramática desigualdad que priva en México, que Felipe Calderón niega indignado, se manifiesta objetivamente en este simple dato: Agustín Carstens, cuando era secretario de Hacienda, recibía 3 mil pesos diarios para su comida del medio día, a los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa se les otorgan a regañadientes apenas 35 pesos para que hagan sus tres comidas diarias. Y aun así les duele a las autoridades, y sobre todo a la multimillonaria líder sindical, Elba Esther Gordillo, otorgar ese raquítico subsidio, insuficiente incluso para un desayuno de lo más básico: café, tortillas y frijoles con un poco de salsa. Es oportuno recordar que la “maestra” se ha distinguido por su violento rechazo a las escuelas normales, con el argumento de que “son semillero de guerrilleros”, por lo que ha exigido su desaparición.
Los miembros de la oligarquía son dados a confundir las causas con el efecto, como lo demuestra la voraz dirigente magisterial. Lo que es “semillero de guerrilleros” es la tremenda injusticia social que priva en México, cada vez más indignante. ¿En qué cabeza cabe que la gente acepte sin chistar que se le esté despojando hasta de sus más elementales derechos, como el de comer tres veces al día y tener tan siquiera un pedazo de techo bajo el cual dormir? ¿Por qué los marginados deben soportar todo tipo de humillaciones, mientras la elite viola las leyes a su antojo sin que las autoridades los llamen tan siquiera a declarar, como hay tantos casos que así lo demuestran, por ejemplo los ilícitos cometidos por los hermanos Larrea contra los mineros de Pasta de Conchos?
Las escuelas normales rurales son lo que son porque sus alumnos viven en carne propia los escarnios de una oligarquía que no se cansa de humillar al pueblo, y ya con estudios aprenden a discernir porqué hay tantas injusticias en el país. Se politizan fácilmente por la carga de afrentas que han acumulado durante su vida. Si la elite, de la que forma parte la líder “moral” del sindicato magisterial, no quiere que haya jóvenes contestatarios, el camino más fácil para lograrlo es acabando con las injusticias, cada vez más degradantes y canallas, que están erosionando rápidamente el tejido social del país, como en ninguna otra nación latinoamericana.
Es absurdo pretender que quienes están casi al borde de la inanición, por hambre, cuando ya no tienen nada que perder, pues la vida ya no existe para ellos, todavía aplaudan a sus verdugos. La historia mundial está repleta de páginas de grandes conflagraciones populares, porque siempre llega un momento en que los pobres se ven obligados a morir con dignidad, en un último acto reivindicatorio.

(guillermo.favela@hotmail.com)

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