Los panistas en el gobierno: adiós a prebendas y altos salarios
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La derrota en las urnas profundizó aún más las diferencias entre las corrientes del PAN, tanto que sus militantes no se ponen de acuerdo acerca de cómo y cuándo se reunirán para “reflexionar” sobre el futuro de ese partido. Juan José Rodríguez Prats, de vieja militancia y ninguneado por el propio presidente Felipe Calderón y Gustavo Madero, sostiene que el reto es deslindar la relación gobierno-partido. “Eso es lo fundamental”. También pone el acento en los miles de panistas –muchos de ellos de la casta dorada de la burocracia federal– que pasarán al desempleo a partir del 1 de diciembre.
En medio de la disputa de facciones por el control del Partido Acción Nacional (PAN) y la “reflexión” cupular de la debacle, así como el activismo de Felipe Calderón para mantener el control partidario y neutralizar la sospecha de pactar con el priista Enrique Peña Nieto, hay una única certeza: Miles de panistas en el gobierno federal se sumarán a las filas del desempleo a partir del 1 de diciembre.
La nómina federal –una casta de funcionarios con onerosos sueldos y prestaciones– fue precisamente un instrumento de Calderón para controlar y cohesionar a su grupo político que, ahora dividido y hasta confrontado, fue hegemónico en el sexenio en los órganos de dirección del PAN, particularmente el Consejo Nacional y el CEN.
Ante la renuncia que deben presentar en el gobierno federal, a más tardar el 1 de diciembre, los panistas de la alta burocracia federal exploran a qué dedicarse: Unos a asociarse en consultorías, otros quieren cabildear en el Congreso, algunos incorporarse al sector privado y hasta cancelar su afiliación para quedarse en el próximo gobierno.
Pero el drama del desempleo de miles de burócratas panistas, como el que padecen más de 2 millones y medio de mexicanos –el 4.98% de la población económicamente activa–, es sólo una parte de lo que sufre el PAN tras el desastre del 1 de julio, explica el exsenador Juan José Rodríguez Prats:
“Hay varios grupos. Los preocupados: qué voy a hacer el próximo sexenio; los desertores, que están pensando en largarse; los felices, que ya resolvieron su problema económico; los decepcionados, que dicen que los principios no sirven; los soñadores, que preguntan dónde está el PAN de los fundadores, y los que seguimos continuando (sic).”


















