domingo, marzo 25, 2012

No olvidar el pasado para construir el futuro : María Teresa Jardí



María Teresa Jardí
No olvidar el pasado para construir el futuro


No tenemos policía. El Estado ha sido masacrado con la resolución inconcebible de una Corte que ha demostrado que sí recibe presiones. Las instituciones, todas, están desarmadas por completo por lo que toca a su estructura ética. La corrupción y la impunidad son regla y la jerarquía de los partidos está podrida. La división de los poderes ha sido exterminada y quien llegó usurpando para convertirse en un genocida busca que el país reviente por algún lado para quedarse y salvarse del juicio de los hombres, sabedor de que ya está condenado por la historia como el peor gobernante que el territorio haya tenido a lo largo de su vida, antes y después de la Conquista, durante la Colonia y luego de la Independencia, antes de la Revolución y después de la misma. Y en este contexto a dividir más a la sociedad viene a solidarizarse con quien sueña con imponer una dictadura que dure cuarenta años como la de Franco. Y como sociedad hemos olvidado el pasado sin alcanzar a entender que la memoria es la única posibilidad de construir un futuro. A millones de mexicanos, de todas las clases sociales, aunque en particular, claro está a los que mandan, se les ha cancelado la sensibilidad incluso para entender el riesgo mayúsculo por el que los mexicanos transitamos. Y el teatro en situaciones así de adversas es lo que se alza como un punto de esperanza.
En la medida en que la estructura ética del país iba siendo desarmada, a lo largo del sexenio gobernado por un sicópata desprovisto del mínimo sentimiento de piedad hacia los pobres, a los que ha ido limpiando a base de generar grupos paramilitares que al estilo de los escuadrones de la muerte a lo largo del país actúan, por alguna razón el FITI se ha desarrollado en medio de dolorosos duelos de seres entrañables.


Y a la muerte de Blas Bridot, se suma hoy la de Raquel Seoane, acontecida hace apenas unos días. Pensando en Raquel por mi mente han pasado diversas anécdotas. Pero me quedo, para compartir con ustedes, con la del convencimiento de que el Centro de Investigación Escénica “El Teatrito” se gestó bajo la batuta de Blas y de Raquel, cuando eran maestros de mi hijo Ricardo. Por supuesto también influyeron en su formación profesional otros maestros de la talla de Ludwig Margules. Pero El Teatrito como opción de vida se gestó con Blas y con Raquel, estoy segura, apoyado también por las inteligentes enseñanzas de Pavlowsky, quien señala que: “El olvido forma parte necesaria de una de las condiciones para la producción de un tipo de subjetividad que fabrica complicidad permisiva y que permite la construcción de nuevas máquinas de guerra, a veces desembozadamente represivas, y otras, formando parte de una maquinaria cada vez más sutil del control social. Recordar, en cambio, es ejercer estrategias de acción para la denuncia y desarme de esas mismas maquinarias. N
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