
En el país de las maravillas
Jorge Lara Rivera
Contra datos duros sustentados por el INEGI y el reporte recién de Hacienda que lo desmienten, el jefe del Ejecutivo federal evade hechos aferrándose al embuste e insiste: “Se crearon más de 800 mil empleos formales en 2010”. Así, el discurso oficial sigue ajeno a la realidad cotidiana, se torna esquizoide. Tal, la versión del gobierno panista acerca del panorama nacional; función continua para la cruel simulación en un país de mentirijilla burlona. Y aquél ha dado otras penosas muestras de su incapacidad para asumir, cabalmente, su papel. En entrevista radiofónica, usó el manido expediente fascista: acusar a los demás de los males del país, afirmando que en los primeros años, su gestión enfrentó una oposición “totalmente irracional, totalmente violenta en algunos casos”. ¿Y luego qué?, ¡qué ha hecho en los siguientes! Nada o peor –pretextos, puros pretextos. Después, en el Auditorio Nacional, en el Día de la Enfermera, se jactó del imaginado logro panista desde Los Pinos, alardeando que en 10 años “se ha duplicado la cobertura de salud de todo el siglo XX”, pues sus esbirros registraron en el padrón del Seguro Popular a muchos millones mexicanos más hasta contar 90, contra los 45 millones que en 2000 contaban con acceso a servicios públicos de salud. Buen propósito y retorcido método que, más bien, parece destinado a quebrar el sistema nacional de salud pública para una ‘venta de garaje’ hacia el remate a favor de los socios del régimen, por más spots televisivos autoalabándose en contrario. Una cosa es inscribir gente en un padrón de asegurados abultado para la estadística y muy distinto darle cobertura (atención médica, hospital y medicinas); exacto allí radica la falsedad, vil ‘fundamento’ de su jactancia. Pero en su mundo de prodigios de mentirijillas hay, sin embargo, grietas graves tanto en el ámbito interno como foráneo.