miércoles, agosto 25, 2010

María Teresa Jardí : Estado de Guerra, Estado Fallido, Estado de Sitio…

Estado de Guerra, Estado Fallido, Estado de Sitio…
María Teresa Jardí


A dos siglos de la Independencia, en pleno siglo XXI, con el apoderamiento del Poder Ejecutivo: “haiga sido como haiga sido”, por un usurpador del PAN, con el apoyo de los dos hasta entonces ejércitos conocidos (conformados por el Nacional y por el Estado Mayor Presidencial), con el apoyo de los legisladores de los partidos miniatura, sumados a los del PAN, que evidentemente querían al usurpador al frente del Ejecutivo; sumados a ellos los del PRI, como es obvio, tratándose de un mismo conglomerado ideológico, conocido por los mexicanos como PRIAN, desde sexenios atrás y con la suma de los legisladores del PRD fingiendo —pero sin poner mayor resistencia— que se oponían, de cara a los millones inconformes pero actuando, sobre todo, en aras del espectáculo televisivo, porque hasta debían soñarse actores y porque creían que eso les daba cinco minutos de gloria.

A dos siglos del inicio de la guerra de Independencia no sólo no tenemos nada que celebrar, porque somos colonia de nuevo, sino que México está a punto de adentrarse en un Estado de Sitio, legalizando el derecho a asesinar con total impunidad, que es lo que lleva implícito en sí esa clase de Estado. De un Estado de Guerra, inconcebiblemente permitido por los partidos políticos, impuesto con la permitida “toma de nota” de quien saltaba a la vista que no era el ganador de la elección. Con la legalización del fraude, desoyendo a los millones que habiendo votado por otro no estaban de acuerdo con el arreglo cupular de los partidos políticos con el que se dejaba llegar al perdedor: “haiga sido como haiga sido”, como él mismo, sin pudor reconociera, y con un proceso plagado de “irregularidades”, como reconociera también, con el mismo cinismo, el tribunal encargado de legalizar el fraude electoral, que de entrada en un Estado de Guerra a los mexicanos nos adentró. Estado de Guerra fratricida, que como la crónica anunciada, al Estado mexicano, desarmadas en su estructura ética las instituciones, convirtió en un Estado Fallido. Y, a unos pasos, ya se encuentra el país, nuestro país, el país de nuestro hijos y de nuestros nietos, de transitar también al Estado de Sitio.
En cuanto se legalice la estancia del Ejército Nacional en la calle los mexicanos habremos sido condenados a vivir en un permanente Estado de Sitio. ¡Muera la inteligencia! ¡Se acabaron para todos las garantías! ¡Viva la Muerte! Van a ser los gritos de la próxima dictadura, aunque el PRI o AMLO la encabecen. Lo que quiere decir la legalización del Ejército en la calle, como están hoy las cosas en México, es el otorgamiento de permiso para asesinar indiscriminadamente con la garantía absoluta de impunidad para los soldados asesinos. Asesinos, sí, porque, con permiso o sin permiso, el que mata sin sentido se convierte en asesino y hoy el Ejército Nacional no puede pedir clemencia para crímenes que al menos merecían el reconocimiento de la equivocación cometida como son los casos de los estudiantes del Tecnológico de Monterrey y de los niños asesinados en un retén, los que, incluso, dos recomendaciones de la CNDH han merecido.
El Ejército Nacional, ante la corrupción policiaca, debió ser comisionado por poco tiempo y con reglas claras para combatir el narcotráfico, que se salió de las manos del poder civil de manera diáfana desde que Fox ejerciera como marido de la madre de los Bribiesca. Con Calderón, el Ejército en la calle nos adentró en un Estado de Guerra y justamente de lo que hay que salir es, en lugar de legalizar, ahondar en el México que ya no aspira a ser algo más que el más bananero país del planeta.
Con la legalización del Ejército Nacional en la calle, que amenazan con hacer los miembros del Poder Legislativo, en México se impondrá a los mexicanos también el Estado de Sitio. Se estará otorgando, de manera legalizada, el permiso para asesinar indiscriminadamente a quien se les ocurra, al que sea, al que se cruce en el momento en que estén drogados los soldados en uno de sus retenes; el derecho de asesinar se estará legalizando a los dos ejércitos, digamos más o menos regulares, aunque uno sólo sea el constitucional y el otro sólo sirva para cuidar, como se cuidaba a Batista, a Trujillo, a Papa Doc… a Calderón, a los que se sumará, arrogándose el mismo permiso, a lo bestia, el ejército paramilitar de hombres de negro que Genaro García Luna comanda, más el resto de grupos paramilitares, que en el país se multiplican, creados para reprimir los movimientos sociales, a los defensores de derechos humanos, a todo aquel que, por negarse a dejar de ser pensante, cuestione el despojo brutal que contra la nación mexicana han venido cometiendo, desde Salinas, de manera clara, todos los desgobiernos tecnocráticos, neoliberales y entreguistas, faltos absolutos de amor a México, discriminadores de los mexicanos pobres y de los pueblos indígenas.

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