miércoles, mayo 04, 2011

Guillermo Fabela Quiñones : Los siete “magníficos”

Apuntes
Por Guillermo Fabela Quiñones
Los siete “magníficos”

Tal vez por ser un número cabalístico, el PAN presentó a la opinión pública a siete aspirantes a la candidatura del blanquiazul para las elecciones presidenciales del 2012. Como dijo Humberto Moreira, “sólo les faltó Blanca Nieves” para completar a los personajes del cuento infantil más conocido. Con un irracional triunfalismo, los siete hablaron lindezas de sí mismos y del partido en el poder, actitud que demuestra lo alejados que están de la realidad nacional. Pero vistas las cosas con objetividad, no les queda de otra: no actuar así sería tanto como aceptar el fracaso de un gobierno que mostró una obvia incapacidad para gobernar, como lo patentizan los hechos.
Lo que abundó en la “pasarela” fueron autoelogios, a cual más ajeno a lo que la gente común opina del gabinete de Felipe Calderón, el más caro y dispendioso de la historia. Como señala Carlos Fernández Vega (“La Jornada”), sólo el pago de prestaciones de la burocracia dorada este año (270 mil millones de pesos), será mayor al aprobado para ser ejercido por la Secretaría de Educación Pública, que ascenderá a 220 mil millones de pesos. Esta situación explica el total alejamiento de los altos funcionarios de una realidad nacional desalentadora, que afecta gravemente a las clases mayoritarias, cada vez más numerosas por el creciente empobrecimiento de las clases medias.
Sin embargo, cada uno de los siete considera que ha hecho los méritos suficientes, no sólo para ganar la candidatura sino para relevar a Calderón. Cada uno considera que su trabajo ha sido inmejorable, cuando los hechos demuestran lo contrario. Los que se salvan, por no formar parte del círculo cercano al inquilino de Los Pinos, son Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel. Con todo, es inobjetable que forman parte de un gobierno caracterizado por sus posiciones ultra reaccionarias que han apoyado en todo momento, cada quien en sus respectivas posiciones.
De ahí lo impensable de un continuismo que apuntalaría un régimen de ultra derecha, al exclusivo servicio de una elite voraz que no se cansa de acumular beneficios y privilegios. Tal manera de ejercer el poder ha agrandado la brecha entre ricos y pobres en el país, como lo confirma el informe de la ONU titulado “Índice de desarrollo humano de hogares e individuos 2009”. Puntualiza que el ingreso de los asalariados cayó 2.1 por ciento entre 2000 y 2008, debido al aumento de precios de productos básicos, pero también a que la economía del país no ha crecido en los últimos 20 años.
Ante tal afirmación, no es válido que el PRI pretenda erigirse como la alternativa viable ante el fracaso de los gobiernos panistas: la debacle comenzó con los priístas en el ejercicio del poder.
Menos aún es válido el triunfalismo absurdo de los funcionarios panistas, como el que utilizaron en la “pasarela” Alonso Lujambio, Javier Lozano y Ernesto Cordero. Más les hubiera valido no participar, o de plano quedarse callados, pues con sus declaraciones lo único que consiguieron fue demostrar su absoluta falta de sensibilidad política y conocimiento de la realidad nacional, pero asimismo su total entreguismo a intereses ultra reaccionarios. Ninguno de los tres se salva, pues no tienen una idea elemental de lo que conviene hacer para evitar una inevitable catástrofe. Al contrario, conforme a sus palabras, como inquilinos de Los Pinos pondrían en práctica políticas públicas aún más conservadoras, cuyas consecuencias nefastas no se harían esperar.
No es difícil imaginar lo que ocurriría con Lujambio en la silla presidencial: el poder real lo ejercería la cacique número uno, profesora Elba Esther Gordillo. Tampoco es complicado pensar en Lozano en la Presidencia de la República: impondría una dictadura antiobrera que cancelaría cualquier posibilidad de una mínima justicia laboral. Y con Cordero en Los Pinos, la elite financiera pasaría a ejercer el poder con una insensibilidad inmisericorde.
Ni qué decir tiene que con el gobernador de Jalisco en calidad de presidente de los mexicanos, sería el alto clero el que reinaría en la casa presidencial, con la idea de consolidar una teocracia que durara un siglo.
Lo más lamentable de esta realidad, es que con el regreso del PRI a Los Pinos no se habría de remediar nada, menos aún si el elegido fuera el gobernador mexiquense, quien se diferencia de los panistas en que tiene un discurso más elaborado, pero al mismo tiempo más demagógico. Su proyecto de país es el mismo, pues uno y otro partido lo que busca es mantener un estado de cosas favorable a intereses muy minoritarios y excluyentes, a efecto de que no sufran mermas sus privilegios. Por eso cabe suponer que las embestidas del partido blanquiazul contra los priístas no son más que una simulación al saber el PAN que su futuro político está cancelado, debido precisamente a su divorcio de una sociedad que desconocen.

(gmofavela2010@hotmail.com)

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