miércoles, febrero 29, 2012

La tan hipócrita derecha : María Teresa Jardí



La tan hipócrita derecha
Por María Teresa Jardí


A Garzón se le empezaron a instaurar diversos juicios en el momento en que quiso dar a las víctimas, vivas, la certeza de lo que había ocurrido con los familiares víctimas de la represión franquista.
Lo condenaron por la escucha de conversaciones entre similares delincuentes a los que el mismo tribunal que condena a Garzón, perdona. Imposible olvidar a Francisco Camps, el expresidente de la comunidad valenciana, tan corrupto, pero perdonado por ser parte del mismo partido que con Rajoy, por ahora en España, como jefe de gobierno, se maneja como empleado del FMI y del BM. O más bien, como empleado de las mafias que son amas de esas instancias, que al imperio vasallo llevan hoy como cabeza visible a cambio de dejarle, al imperio yanqui, robar, todo al resto de naciones del planeta. Permiso para hacerse, a base de implantar guerritas, siempre con falsos motivos que la realidad desvirtúa, lo que cada nación tiene como los bienes que permitirían una vida digna para todos los habitantes de la Tierra. Igual que el tribunal supremo de España, convertido en otra tremenda corte a la mexicana, falsamente “perdona” a Garzón. No sin antes haberlo sentenciado por haberse atrevido a enjuiciar los crímenes, impunes todavía, de la dictadura franquista, ni haber acabado con una sentencia recaída en un juicio montado a modo para expropiarle su carrera y su forma de vida.
No iban a dejar impune a quien quiso cerrar las heridas del franquismo y menos aún iba a hacerlo la falange, al precio de cambiar, quién sabe por cuánto tiempo para el mundo, el concepto de la Justicia. El mismo tribunal a modo del fascismo, que acabará por perdonar, que nadie lo dude, al marido de la infanta. ¡Qué caray! Sólo faltaría que ahora el pueblo español pretendiera que a quien se ha conformado con ser el marido de la fea de la corona de España se le condenara por haber hecho los negocios que habría hecho cualquier otro gigoló.


Dice bien Napolitano: Obama y Calderón quieren asesinar a Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido como “El Chapo”. Un lapsus, que no es lapsus, y que no cambia el hecho de que uno y otro quieran asesinar al que antes le permitieron, a base de compartir con ellos, mucho, seguramente, de lo obtenido con el ilícito negocio que lo ha convertido en uno de los hombres más ricos del planeta.
Una canallada el manejo inmoral de la política por traidores, que también lo serán entre ellos mismos. Ambos quieren seguir y buscan distraer con ese crimen. Obama el hecho de no haber logrado ser nada más que una esperanza fallida. El que al ser comparado hoy con Bush no se distingue de ese criminal ni por el canto de un duro. Felipe Calderón la responsabilidad en su falsa guerra fallida y su éxito genocida como asesino de pobres. Ambos tienen alma de traidores. Y ambos son igual de estúpidos.
Obama cree que así se diluyen las denuncias con relación a los crímenes del imperio yanqui, que por estos días se evidencian de nuevo con las informaciones sobre el espionaje que a América Latina involucra.
El otro creyendo que asesinando a “El Chapo” y con la ayuda que le viene también a dar el Papa podrá dejar a quien le cuide la espalda. Sin entender, como no ha entendido tampoco el Supremo de España, Que el juicio contra los crímenes del franquismo seguirá adelante en otros lugares del mundo y que el resultado será mucho más trepidante contra los falangistas que hoy “perdonan”, al condenado, Garzón. Sin entender que en España, Garzón lo que buscaba era sólo cerrar heridas. Y en el extranjero el cierre de las heridas irá acompañado del deseo de venganza. Sin entender, ni Obama ni Calderón, que la traición a “El Chapo”, para ellos traerá aterradoras consecuencias. No puede ser de otra manera, entre narcos la traición siempre se paga. Sin entender, además, que si logran asesinar a “El Chapo” estarán condenando a sus países a más violencia y lo harán justo en el momento en que incluso, entre ellos, ya discuten el necesario arreglo con el narco para parar la violencia. La estupidez como regla mundial de la clase política por su renuncia a la ética.

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