De ustedes depende
Pedro Miguel
Señoras y señores magistrados del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Magistrados José Alejandro Luna Ramos,
María del Carmen Alanís Figueroa, Constancio Carrasco Daza, Flavio Galván
Rivera, Manuel González Oropeza, Salvador Olimpo Nava Gomar y Pedro Esteban
Penagos López:
Como hace seis años, el organismo que ustedes integran
tiene ante sí la tarea de juzgar la validez, la legalidad y la legitimidad de
una elección presidencial. En 2006 el TEPJF dio por bueno un proceso electoral
viciado, irregular y oscuro, proclamó presidente electo a Felipe Calderón. Ante
las inconformidades, las autoridades electorales se negaron a exhibir las
pruebas del supuesto triunfo del aspirante panista –esto es, rechazaron el
conteo voto por voto– y la instancia que ustedes encabezan decretó la validez
de unos comicios en los que, según los propios magistrados el entonces
presidente Vicente Fox, el Consejo Coordinador Empresarial y el partido que
está a punto de dejar el poder cometieron transgresiones a la legislación
electoral.
Ese fallo causó, con ello, un gravísimo daño a las
instituciones republicanas y al país en general. Generó una fractura política
en la sociedad, erigió una presidencia ilegítima a ojos de un importante sector
de la población, sentó un precedente de impunidad para delincuentes electorales
y minó severamente la confianza de la gente en los procedimientos democráticos
como generadores de consenso y de solución pacífica de las diferencias. El
sexenio que termina deja un saldo catastrófico de estancamiento o regresión en
todos los ámbitos de la vida nacional y buena parte de ese saldo es atribuible
a la ilegitimidad de origen del propio Calderón.
En el momento presente ustedes enfrentan la disyuntiva de
repetir aquella decisión trágica y validar unos resultados electorales oficiales
asentados sobre una montaña de irregularidades y de presuntos delitos o de
sanear la vida republicana y garantizar la estabilidad política e institucional
mediante la nulificación del proceso.
Ustedes no ignoran que los poderes fácticos pretenden, entonces
como ahora, revestir con una cáscara de legalidad un resultado electoral
obtenido por medios ilegítimos: desde el inicio de una campaña de facto con
seis años de antelación, con la ayuda de los medios electrónicos, hasta la
inyección masiva de dinero de dudosa procedencia –recursos públicos, en algunos
casos– para obtener millones de votos a cambio de dinero. Esta inadmisible
corrupción de la voluntad ciudadana se realizó en los sectores más pobres del
país, aprovechando las circunstancias de necesidad y miseria de los votantes.
Ustedes están conscientes de que las prácticas referidas
son manifiestamente ilegales y en su momento no fueron evitadas, investigadas
ni sancionadas por el Instituto Federal Electoral (IFE) ni por la Fiscalía
Especializada en la Atención a delitos electorales (Fepade), organismos que
ostentaron un comportamiento manifiestamente omiso.
Para ustedes, como para todos, es claro que si no se
hubiera recurrido a métodos como los señalados, es decir, si los comicios de
julio pasado hubieran sido realmente libres, el aspirante presidencial priísta
no habría obtenido la mayoría de los sufragios. Para el país, ustedes
incluidos, es claro que un candidato impopular y rechazado no puede ganar unos
comicios, a menos que se recurra a acciones ilícitas para adulterar la voluntad
popular y simular que los ganó.
Es de suponer que ustedes estarán sometidos –como está
sometido el país en su conjunto– a intensas presiones para que decreten, pese a
todo, la legalidad y validez de la elección del 1 de julio es legal y válida.
Señoras y señores magistrados: Resistan a esas presiones,
dejen de lado los intereses particulares que pudieran tener en este caso y
obedezcan a su conciencia. Otórguenle una oportunidad al país, a la democracia,
a la estabilidad y a la gobernabilidad, a la credibilidad del alto organismo
jurisdiccional que integran, a la propia respetabilidad y honorabilidad de
ustedes como jueces.
Invaliden estos comicios presidenciales viciados e
inverosímiles y sienten un precedente contra los poderes fácticos que han
venido ensuciando y distorsionando los procesos electorales en el país. Abran
las puertas a la renovación de la vida republicana del país que puede iniciarse
en el lapso de una presidencia interina. De ustedes depende. Ahórrenle al país
otra catástrofe.

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