martes, agosto 14, 2012

RICARDO MONREAL ÁVILA : ¿Hacia una presidencia pignorada?


¿Hacia una presidencia pignorada?
RICARDO MONREAL ÁVILA

El IFE se niega a elaborar un informe preliminar sobre las investigaciones que emprendió su Unidad de Fiscalización en torno a las tarjetas prepagadas de Monex y los monederos de Soriana distribuidos por el PRI en la pasada elección presidencial, cuyos montos rebasan notablemente el tope de campaña de acuerdo con la documentación entregada de manera separada por el PAN, por la Coalición Movimiento Progresista y por las indagaciones independientes de algunos medios de comunicación.
A pesar de que la elaboración de este tipo de informes preliminares sí está en el ámbito de sus facultades (cuenta con dientes y colmillos para contener los abusos del dinero ilícito), el IFE se ha allanado a la argumentación del PRI en el sentido de que no puede adelantarse a los plazos fijados por la ley, por lo que será hasta enero de 2013 cuando se conozcan los resultados de las indagaciones. Es decir, cuando el relevo de gobierno sea ya un hecho consumado.
El objetivo del informe preliminar es que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación disponga antes del 6 de septiembre (plazo límite para la calificación de la elección) de un referente objetivo para determinar si hubo o no un doble financiamiento, de carácter ilícito y expresamente prohibido, en la campaña del PRI.
La maniobra no es nueva. Tiene un antecedente en la pasada elección de gobernador del Estado de México, cuando el IEEM descartó cualquier posibilidad de adelantar los informes financieros de gastos de campaña, ante la evidencia de que el candidato del PRI, el actual gobernador Eruviel Ávila, habría rebasado ostensiblemente el tope fijado por ley y se habría configurado una de las causales de anulación de la elección, prevista expresamente en la legislación local.

En esa ocasión, las pruebas, testimonios y documentos probatorios de la existencia de un doble financiamiento, una doble contabilidad y el rebase de los topes legales se tradujeron en una multa ridícula de 26 mil 900 pesos (por actos anticipados de campaña), la cual pagaron con gusto y muertos de la risa.
El IFE sigue los pasos del IEEM al negarse a elaborar un simple reporte preliminar y, en todo caso, el próximo año, cuando se haya determinado que sí hubo doble financiamiento, doble contabilidad y un rebase ilegal de los topes de campaña, el PRI volverá a pagar la multa que se le imponga, con un gran cinismo (que no civismo) y muerto de la risa.
La otra maniobra que se instrumenta en estos días es presionar al TEPJF para que no dilate más la calificación de la elección presidencial y dictamine a la brevedad posible, entre el 20 y el 31 de agosto, antes del último informe de gobierno de Felipe Calderón y de la instalación de la 62 Legislatura. La razón es sencilla: si en el mes de julio 70% de la población consideraba que la elección había sido ganada limpiamente por el PRI, hoy solo la mitad de los ciudadanos considera que fue legal y legítima. Urge detener el veneno de la duda.
Que el PRI corra dopado en las elecciones con dinero ilícito (público o privado) tal vez no extrañe a muchos. Está en su ADN político. Lo verdaderamente inaceptable es que los jueces dejen pasar esta flagrante violación a la Constitución, a la legislación electoral y al sentido común. Sancionar con una multa económica esta conducta reincidente del PRI (Pemexgate,Monex-gate,Scotiagate y todos los gates por venir) es simplemente ponerle precio y subastar desde ahora la silla presidencial en 2018. Al fin que esas multas se pagan con el mismo placer íntimo que experimentaba el Marqués de Sade y muertos de la risa.
En la campaña, el candidato del PRI ofreció impulsar desde el gobierno una comisión nacional anticorrupción y adoptar la transparencia como política pública federal, estatal y municipal. El buen juez por su causa empieza y antes de huir al futuro, el PRI debería empezar por transparentar los casos emblemáticos de corrupción de la pasada campaña presidencial y no nada más deslindarse de ellos.
La historia nos demuestra que quien compra la Presidencia, termina vendiendo al país. Una Presidencia comprada es una Presidencia entregada a pactos económicos inconfesables. Una Presidencia subastada es una presidencia escriturada a intereses particulares o de grupo. Una Presidencia pignorada o dada en prenda nunca podrá ser una Presidencia al servicio de los intereses superiores de la Nación.
Precisamente porque el país no soportaría más una Presidencia obtenida a la mala, con dinero ilícito, de procedencia desconocida, es que la elección debe invalidarse y dar lugar a unos comicios libres y auténticos, tal como la mandata la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. De eso y no de otra cosa se trata la lucha que estamos librando para que se limpie la elección presidencial. Y si por ello hay que enfrentar denuncias penales, demandas civiles y acoso político, bienvenidos sean.
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