Alianzas, cuando tienen
sentido
Guillermo Fabela
Quiñones
Apuntes
Las alianzas en una democracia tienen sentido cuando hay una agenda con
posibilidades de que las distintas fuerzas políticas puedan negociar sus
términos. No cuando, como en la actualidad, no hay más que un temario impuesto
por el grupo en el poder. Tal reflexión viene al caso por las declaraciones de
quien será líder de la Cámara de Diputados en la 62 legislatura, Manlio Fabio
Beltrones. “Las alianzas estratégicas serán para construir y gobernar, no para
obstruir o condicionar”, dijo en un comunicado de prensa. Así debería ser, en
efecto, sólo que de las palabras no se habrá de pasar, ya que la oligarquía
tiene muy claro que este es el momento de imponer sus condiciones a la
sociedad.
¿Por qué puede asegurarse tal cosa? Porque México es una nación absolutamente
dependiente de los grandes centros de poder trasnacional, particularmente de la
Casa Blanca, los cuales ven a nuestro país como una pieza que se puede usar
como les convenga en el ajedrez de sus intereses. A eso hemos llegado luego de
tres décadas de absoluto entreguismo a quienes tienen el control del tablero,
una vez que quien despacha en Los Pinos dejó de ser jefe del Ejecutivo mexicano
para actuar como un “gerente general”, y como tal sólo dispuesto a obedecer los
dictados de quien manda en realidad.
Si México fuera una democracia mandaría el pueblo. No se nos permitió dar ese
paso, convertirnos en una democracia moderna, porque desde fines de los años
setenta del siglo pasado se tenía muy claro que había llegado la hora de poner
fin a la bipolaridad mundial, una vez que la Unión Soviética sucumbió a la
corrupción de su sistema y de la nomenclatura. En Washington se vio que no
debían perder tiempo en componendas inútiles, por eso se impuso el grupo de
tecnócratas de la Secretaría de Programación y Presupuesto, liderado
aparentemente por Miguel de la Madrid, pero en realidad por la tecnocracia
dirigida por Carlos Salinas de Gortari.
Afirma Beltrones que “la política es para hacer que las cosas pasen y, en este
caso, lograr la aprobación de la agenda de las reformas legislativas que México
necesita con urgencia para recuperar el rumbo”. Ciertamente, la política es el
arte de lograr acuerdos que satisfagan a los diferentes sectores de la
sociedad, pero lo que se habrá de buscar con la “política” que seguirá el grupo
mayoritario en el Congreso, es la imposición de directrices que recibirán los
legisladores de la derecha desde la Casa Blanca, mismas que coinciden con los
intereses de la oligarquía “mexicana”.
Por eso la urgencia de que Enrique Peña Nieto llegue a Los Pinos, otra vez
“haiga sido como haiga sido”, pues de ese modo se cerraría el círculo perverso
con el que se quiere anular la capacidad de autodefensa del pueblo. Por su
parte, Emilio Gamboa, coordinador de los próximos senadores priístas, señaló
que la bancada tricolor tendrá “la superior responsabilidad de construir
alianzas para legislar conforme al interés nacional”. Sin embargo, lo que
buscarán a toda costa como mayoría parlamentaria será imponer la agenda
legislativa impuesta desde Washington, con la cual se habría de reforzar la
hegemonía de la minoría privilegiada que detenta el poder, sólo para
enriquecerse y gozar de privilegios cada vez más lesivos al interés nacional,
como lo demuestra la evasión fiscal que les permite enviar a paraísos fiscales
más de 410 mil millones de dólares, el 40 por ciento de la riqueza generada por
el país en un año, según información recabada por la organización civil Red
para la Justicia Fiscal (TJN por sus siglas en inglés).
Puntualiza la información dada a conocer por “La Jornada”, que México es uno de
los líderes en un grupo de 139 países en desarrollo cuyos ciudadanos y empresas
“buscan el cobijo de los paraísos fiscales para evitar el pago de impuestos y
poner a resguardo sus riquezas, algunas mal habidas”. Tal es el principal
objetivo de los oligarcas que a toda costa quieren que Peña Nieto despache
desde Los Pinos, y la mayoría priísta en el Congreso, con su experiencia y
capacidad de manipulación, pueda vencer la resistencia de la izquierda a la
aprobación de las reformas estructurales con las que la oligarquía pretende
amasar más riquezas y tener más poder y control sobre la nación.
De ahí el enorme peso histórico que tienen las fuerzas de izquierda para evitar
una debacle irreparable, que sucedería si se aprobaran las famosas reformas
estructurales, especialmente la laboral y la energética. Un sexenio más de
hegemonía de la derecha en el Congreso, sería la ruina de este país. Esto deben
tenerlo muy en cuenta quienes, como Los Chuchos, quisieran aprovechar la
coyuntura con una finalidad mezquina y canalla. Serían los primeros en ser
tirados al cesto de la basura por la oligarquía.
(guillermo.favela@hotmail.com)
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