Julio Hernández López
Astillero
¿Rifa o compra?
Líder máximo (o medio)
Combo reformista
AMLO, Monreal: tenacidad
Tres búsquedas distintas y un reformismo proempresarial
verdadero: Peña Nieto trata de asumirse como algo parecido a un líder;
Beltrones a un ideólogo y Gamboa a un triangulador de élites.
Ya en espera del golpe de silbato del árbitro designado
(el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación) que pondría fin al
partido y le entregaría el título comprado de campeón 2012-2018, el medio Peña
Nieto (censores, absténganse: se está hablando estrictamente de posiciones en
un esquema futbolero) ha decidido darse baños de (representantes de) pueblo al
reunirse con los financieros gobernadores priístas en funciones y con los que
habrán de entrar en fecha próxima. Aún cuando hubo discursos, las palabras
sobraban: era como una sesión ordinaria de un consejo de administración luego
de la compra exitosa de un negocio sexenal largamente anhelado del que todos
saben que en su momento habrá naturalísimo retiro de ganancias (conforme a las
inversiones hechas y al éxito electoral proporcionalmente demostrado).
El geloso jugador en espera del trofeo correspondiente al
predeterminado torneo de los Seis Años también se reunió con los diputados y
senadores electos, a quienes pidió ganarse la confianza de los mexicanos y
entregarles buenos resultados (¡Sí se puede/ sí se...!). Además de instarlos a
luchar contra la corrupción (no se supo si les darán algún tipo de bono
mediante tarjetas Monex o Soriana) les hizo un reconocimiento desafortunado: se
la rifaron, les dijo, cuando en realidad no hubo un juego de sorteo entre varios
participantes, sino una compra generalizada.
Lo más correcto, a fe de esta columna con lamentables
ínfulas correctivas, hubiera sido decirles: se las compraron. Y, además,
cambiar de la tercera a la primera persona. Pero lo destacable del asunto es
que la figura emplazada para recibir duplicado de las llaves de Los Pinos hace
esfuerzos notables por dejar de ser eso, una figura, y adquirir ribetes de
realidad imperativa, de conductor de masas, de timonel de tres colores, de
líder máximo (o medio, cuando menos)...
En otro lado del tablero, la pareja BelGa (Beltrones y
Gamboa) o Man&Em (Manlio y Emilio) ha puesto ya en la marquesina el título
de la función que en lo inmediato dará: Las Reformas tan Mentadas. Uno y otro,
otro y uno, combo legislativo, repiten lo mismo: la hora de los grandes cambios
ha llegado. Modificaciones en cascada y en oferta: en lo energético (con
empresarios nacionales e internacionales en busca del máximo lucro y políticos,
salientes y entrantes, deseosos de la mayor comisión posible); en lo laboral
(impulsadas por incendiarios líderes sindicales como Gordillo y Romero
Deschamps) y en lo fiscal (con los capitales inversionistas en campaña que
ahora pedirán cesiones y exenciones para recuperar con ganancias lo
arriesgado).
En su discurso de aceptación de la responsabilidad de
coordinar a los diputados de su partido, Beltrones hizo malabares retóricos
para acoplar los conceptos de mayoría y grupo mayor. Como si lo dijera a los
peñanietistas que creen posible arrollar a las otras partes del conjunto
político en función de ser el grupo mayor (asumiendo que EPN será declarado
ganador de estos comicios), el sonorense hace saber que eso no es lo mismo que
tener la mayoría. La clave del beltronismo está en la negociación, en el
acuerdo, y por ello advierte entre líneas a quien en las alturas crea posible
la imposición de proyectos mediante automatismos aritméticos: simular o
tener mayorías ficticias puede llevarnos a equivocarnos. Se los digo, diputados
electos, para que lo escuchen, futuros pinos.
Gamboa no tiene pretensiones intelectuales ni se envuelve
en la bandera del reformismo. Es un político práctico, cuyo mayor capital es la
representación de intereses de algunos de los principales grupos políticos,
económicos y mediáticos (sobre todo los relacionados con radio y televisión), y
en función de ese espectro politicoeléctrico es que se mueve. Diputado bueno,
senador malo: el reformismo del primero se las verá con el pragmatismo al
servicio de las élites del segundo (y, cuando sea necesario, será al revés:
juego más que ensayado).
La alegre marcha priísta rumbo al poder recuperado sólo
tiene como persistente contrapunto la tenacidad del lopezobradorismo que
insiste en presentar pruebas del fraude electoral que en las cúpulas nadie
acepta ver. Ricardo Monreal dio ayer nuevas muestras del manejo anómalo,
presuntamente delictivo, de la chequera del gobierno del estado de México que
no fue usada solamente para depósitos, como originalmente se había dicho, sino
que hizo en junio un pago de 50 millones de pesos a un particular, sin
justificación a la vista. Con documentación precisa, el ex gobernador de
Zacatecas está demostrando triangulación de fondos entre bancos y una persona
física, aun cuando el gobierno de Eruviel Ávila había dicho que su cuenta de
Scotiabank solamente se usaba para depósitos nocturnos, en busca de ganar
intereses.
Pero nada de lo que jurídica y políticamente haga el
lopezobradorismo es tomado en cuenta (la movilización social es, o podría ser,
otra historia). Ni por los magistrados enriquistas que forman el tribunal
electoral ni por la mayoría de los medios de comunicación que relega sin más
todo lo que provenga del ámbito del tabasqueño. La dura sentencia está dictada
aun cuando no la ha dado a conocer formalmente el tribunal electoral: haiga
sido como haiga sido, Peña Nieto y su corte se instalarán en la república
haigacrática.
Y, mientras San Luis Potosí es integrada a la lista de
las ciudades en crisis por la explosión violenta de grupos de delincuencia
organizada que infiltran, controlan o amedrentan a las autoridades (un general,
Heliodoro Guerrero, renunció el pasado martes a la secretaría de Seguridad
Pública de la entidad; el gobernador, Fernando Toranzo, atendía asuntos de
grilla peñanietista en el DF), ¡feliz fin de semana esperando ver un buen
partido en la final del futbol olímpico (que gane México), y que no haya
oportunista declaratoria electoral adjunta!
Twitter: @julioastillero
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