México SA
Seguridad alimentaria
EU: medidas concretas
México: dependiente
Tremendo escándalo se registra en Estados Unidos por la compra
de emergencia hasta de 170 millones de dólares de carne y pescado para ayudar a
los ganaderos y pequeños productores y controlar así los precios de los
alimentos, lo que da cuenta de que en el vecino del norte tienen muy bien
puestas las pilas sobre lo estratégico que resulta la seguridad alimentaria,
que no es otra cosa que la misma seguridad nacional. Ante tal contingencia,
el presidente Obama anunció que se utilizará dinero de un fondo de
emergencia para responder a desastres naturales, y que los alimentos serán
enviados a programas de ayuda. Estimó que la cosecha de maíz será 25 por ciento
menor que la de 2011, debido a la peor sequía que ha afectado al agro en medio
siglo.
Pero no todos se ocupan y mucho menos se preocupan por
una circunstancia de tal naturaleza, porque para México esos 170 millones de
dólares que los vecinos del norte gastarán en su compra de emergencia apenas
equivalen a tres días de importaciones de alimentos. Así es: nuestro país,
otrora autosuficiente en prácticamente todo lo que los mexicanos se llevaban al
estómago, a estas alturas eroga alrededor de 55 millones de dólares cada 24
horas para adquirir alimentos en los mercados internacionales, hasta redondear
cerca de 20 mil millones anuales por tal concepto, con lo que se documenta no
sólo la enorme cuan creciente dependencia que en este renglón registra nuestra
nación, sino el indolente trato que el gobierno da a este estratégico asunto.
En Estados Unidos se muestran al borde de un ataque de
nervios, porque importarán cerdo, cordero, pollo y bagre para mantener los
inventarios en niveles apropiados y así evitar alzas desorbitadas en los
precios, mientras en México la baja producción, la sequía prolongada (que
afectó a más de la mitad de los estados de la República) y las heladas se
combaten con discursos y más discursos, y la insuficiencia de alimentos con
abundantes cuan crecientes importaciones de todo tipo de productos. Allá se
asustan y destinan 170 millones de dólares de un fondo de emergencia, y aquí
pretenden tapar las carencias productivas internas con adquisición masiva, con
lo que el estómago de los mexicanos depende cada día en mayor proporción de lo
que suceda en el exterior (desde las condiciones climáticas hasta la política
agropecuaria de terceros países).
En el vecino del norte se asustan porque el próximo año
los estadunidenses enfrentarán precios más altos de los alimentos en el
supermercado, debido al impacto de la peor sequía en medio siglo, pero se
estima que el efecto sobre la inflación general será moderado. Según
estimaciones de la Fed de Kansas, la sequía, que ha golpeado los rendimientos
del maíz y de la soya además de disparar sus precios en el mercado de futuros,
podría sumar 4 por ciento más a los precios anuales de los alimentos durante el
próximo año. En México, hasta julio pasado los precios de la canasta básica se
habían incrementado 6.2 por ciento, los de alimentos y bebidas no alcohólicas
8.87, y los de los productos agropecuarios 11.27 por ciento, sin importaciones
deemergencia.
Ciento setenta millones de dólares destinarán los
angustiados gringos para atender la demanda de una población superior a 300
millones de personas, mientras México eroga 20 mil millones de dólares anuales
para lo mismo, pero con 115 millones de habitantes. Días atrás se supo de la
importación de un millón y medio de toneladas de maíz, y el siempre atento e
informado secretario de Economía, el santísimo Bruno Ferrari, lo consideró algo normal por
tratarse de una operación privada. Y es precisamente por esa indolencia y
esa normalidad que a estas alturas alrededor de la mitad de los
alimentos que los mexicanos se llevan a la panza proviene del extranjero, con
precios cada día más elevados.
Entre los grandes logros de los gobiernos
neoliberales destaca la dependencia alimentaria, más que notoria y creciente
desde el arranque del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Como bien
advierte la FAO, México se convirtió en el principal importador de alimentos en
América Latina, y en uno de los primeros a nivel mundial. Menor producción
igual a mayor importación. Del TLCAN para acá, de las arcas nacionales han
salido alrededor de 200 mil millones de dólares, y contando, para adquirir
víveres en extranjero, de acuerdo con información del Inegi; un río de dinero
que bien pudo destinarse a reactivar el campo nacional, la producción interna
de alimentos y el bienestar de las depauperadas masas campesinas. Muy distinto
sería el balance si los exitosos gobiernos neoliberales hubieran
hecho las cosas de forma diametralmente distinta.
El caso del maíz es revelador: de 1994 a la fecha las
importaciones de este grano básico en la dieta mexicana se aproximan a 21
millones de dólares, y contando; alrededor de 82 por ciento de la factura
corresponde a los dos gobiernos panistas; de la administración zedillista a la
calderonista, la compra de este producto en el mercado internacional (el
estadunidense, principalmente) se multiplicó por 3.3, al pasar de 3 mil 700 a
12 mil 500 millones de dólares. En 1993, año previo a la entrada en vigor del TLCAN,
México importó maíz por 70 millones de billetes verdes. De entonces a la fecha,
el aumento en las importaciones ha sido de casi 3 mil por ciento. Sin embargo,
a lo largo de los cinco gobiernos neoliberales nadie se preocupó, y menos se
ocupó, de revertir la tendencia, en rescatar al campo e incrementar la
producción interna; estaban muy ocupados apoyando y protegiendo a los magnates
agroindustriales, íntimos amigos del régimen, y a su exportación de hortalizas,
con todo y que desde finales de los años 80 México se convirtió en importador
neto de maíz.
Y como se ha comentado en este espacio, insuficientes han
resultado las no pocas advertencias internas, el cúmulo de señales de alarma
encendidas de tiempo atrás. El gobierno federal ni siquiera se tomó la molestia
de volver la vista a quienes, insistentes, lo convocaban a reconsiderar su
política agropecuaria, su abandono del campo mexicano y, por ende, la
decreciente producción interna de alimentos. Previsibles las consecuencias,
nadie movió un dedo.
Las rebanadas del pastel
Y para reanimar la salud de la nación, hemos sido
enterados de que en México seis de cada diez medicamentos adquiridos son
de procedencia ilícita y se calcula que alrededor de 8 millones de personas son
víctimas potenciales del mercado negro de fármacos, informó Sandra Sánchez,
presidenta de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación
Farmacéutica (La Jornada, Carolina Gómez Mena).

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